12 de Mayo 2005

Familia Nuclear

Desde mediados del pasado siglo, la gran madre patria decidió crear una serie de mejoras a lo largo de su geografía. Según pasó el tiempo, se reprodujeron pequeños edificios repletos de ilusión, que prometían un nulo impacto visual, además de una seguridad plena y una imprescindible función. Eran los tiempos en los que el mundo decía que no al átomo, pero España se abría enteramente a la instalación de la llamada energía “limpia”. A la vez que las centrales de Zorita, Garoña y Vandellós, el pequeño Enresa y su hermanastro CSN comenzaron su andadura en el difícil mundo de la radiación y los residuos radiactivos.

A esta gran familia se unió una segunda generación de pequeños energéticos, las dobles parejas de Ascó y Almaraz, y la valenciana Cofrentes. La cigüeña aún nos prometería tres pedidos más, los gemelos Valdecaballeros y Lemoniz, que no acabarían de llegar. Pero, aún sin ellos, la familia crecía según avanzaban los ochenta. Se sentían fuertes y unidos, invencibles hasta que Vandellós sufrió un inesperado accidente. A la vera de las conciencias sentidas y resentidas por un incidente anterior, ocurrido en la antigua URSS, el percance que trajo fugas y cuarentena desemboca en un nuevo Vandellós. El primero, enterrado vivo, para no contagiar su mal, se convirtió en el gran fracaso de la energía atómica de la nación. Pero aún quedaba Trillo por cerrar la década de los ochenta, para así llegar a los noventa con una gran familia en la que ya se contaba un muerto.

Las prometidas no llegaron y las ancianas empezaron a dejar sentir su edad. Zorita, vieja, ajada y agrietada dio sobresaltos a la familia, a la CSN y a la población, que no comprendía como una central de su edad, caduca y destartalada, no había cerrado ya por vacaciones indefinidas. Pero Zorita era orgullosa y no deseaba una jubilación anticipada. Prefería seguir bañando sus barras de carburo de boro en el río Tajo, al igual que hacían sus hermanas en sus respectivos mares y ríos.

Llegando ya al siguiente siglo, con las políticas ecologistas y las sensibilidades post Chernobyl diluidas, somos testigos de la vejez de las primeras centrales y de la madurez de la segunda y tercera generación. Ninguna es famosa por sus virtudes energéticas, por su limpieza en contraste con las familias más pobres: petróleo, gas natural o carbón. Tan solo se recuerdan los fallos, se lamentan. Tan solo quieren sacar lo peor. Pero, cuando parecía que la seriedad volvía a correr por las venas de esta familia de ricos, Vandellós II sufre un traspiés, un pequeño coscorrón. Y su hermanastro CSN cuenta que no es más que una insignificante anomalía, un incidente sin importancia, aunque la situación recuerde inevitablemente al accidente de su hermano mayor.


CSN (Consejo de Seguridad Nuclear)
Enresa (Empresa pública encargada del tratamiento de residuos radiactivos)

Escrito por La pequeña Delirio a las 1:39 AM | Comentarios (5)

Loca e histérica

Cuando no era más que un manojo de ilusiones con coletas y moratones en las rodillas no podía imaginar que las palabras dolieran tanto, no cabía en mí la posibilidad de que nada salido de unos pequeños y rosados labios pudieran herir tan hondo. Admitiré que fui una de esas pequeñas respondonas a las que les encanta tener la razón. Buscaba las miradas de profesores, padres y compañeros para sentirme henchida de satisfacción.

Discutía sin saber, llamaba a las cosas por el primer nombre rocambolesco que venía a mi cabeza y contestaba a los mayores, sobretodo a mi madre. Esa mujer que habita mis recuerdos poco tiene que ver con la señora que ahora comparte sueños y pesadillas con su hija hecha y derecha. Esa mujer era una loca de zapatos y bolso colorados en la foto de su boda. Una histérica en boca del género masculino, porque las señoras nunca debían decir lo que pensaban de manera apasionada ya que corrían el riesgo de que se las tildara de esa manera. ¡Histérica! Una loca de arranques impulsivos, de pelo rapado cuando se llevaban los cardados, de extrañas costumbres – coleccionismo compulsivo, consumismo descontrolado, en librerías y floristerías, en mercadillos antiguos y supermercados - ¡Loca!... Pero ella no me miraba cuando se lo gritaba, cuando le preguntaba entre sollozos por qué no era como las otras, por qué no hacía lo que las demás madres; tan solo me ignoraba. Me abandonaba en un rincón de cualquier habitación hasta que me recomponía. ¡Pobre princesa ofendida!

Esta mañana me he vestido de verde, incluyendo botas de charol, falda y pelo del mismo color. He comprado flores antes de ir a recoger a mi retoño a la estación. Me ha mirado de arriba abajo, me ha juzgado y condenado y ha dejado escapar por esa boquita de piñón un susurro, un quejido, la sentencia a modo de exclamación… ¡Mamá, estás loca! No es su mirada de desaprobación, ni su postura de niña buena, es la palabra “loca”, no muy alejada de la tan manida “histérica”. Porque, ay mi pequeña, mamá está orgullosa de serlo, está encantada con su pelo verde y sus arranques de ira, pero le duele profunda, hondamente que sus niñas, las del presente, todavía no se den cuenta.

Escrito por La pequeña Delirio a las 1:10 AM | Comentarios (0)